martes, 27 de marzo de 2012
Huellas en la Arena
Cuantas veces hemos paseado por la playa y hemos visto o pisado una huellas de alguien desconocido para nosotros. Siempre me ha dado por pensar lo rápido que el mar deshace un signo de alguien que ha tardado vamos a suponer treinta o cuarenta años en construir. En cuestión de segundos o espumarajos de agua salada se transforma de un molde único y personal en algo plano y subsumido por millones de granitos de arena. Ni siquiera el mar con toda la carga poética y a la vez dramática que para mí le doy, es capaz de preservar durante unos instantes el tiempo, pararlo,tranquilizarlo, como esas cámaras de televisión que ralentizan las imágenes hasta casi estatizar al sujeto grabado. No, como si de una máquina apisonadora se tratase envuelve y difumina todo lo que sus partículas de agua bañan. No hay tregua. La naturaleza dicen que es sabía, no lo dudo, pero le falta algo de ternura, de corazón, de transigencia. Se que estoy incorporando actitudes humanas a algo que no lo es, de igual modo que el zen reordena esa brutalidad natural en algo hermoso y trascendente. Si pudiera hablar al mar como se le habla a una persona le diría:..."por favor señor océano no tenga tan mal genio, respete durante unos instantes la obra que la arena y el ser humano han construido para permanecer indeleble durante no se cuanto tiempo...¡AY! el TIEMPO.....
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario