lunes, 9 de abril de 2012

Dibujar......

Llevo ya unas semanas en las que he retomado una afición que llevaba mucho tiempo en cuarentena. Se trata de dibujar a pluma. Sí, la pluma ese elemento de la escritura que usamos muy pocas personas y que parece en desuso. Siempre me han fascinado ver su diseño y su funcionalidad. Cada vez que paso por una buena papelería o una tienda de complementos me paro a verlas y disfrutar de sus diseños, formas, colores...Parecen de otra época, es como si hubieran viajado en el tiempo y se hubieran readapatado a estos tiempos de velocidad, mucho ego y falta de sensibilidad. De aquellas plumas de faisán tan largas y elegantes que se mojaban cada seis o siete palabras en el tintero de tinta negra como el alma del verdugo, hemos pasado a las estilográficas de grafito, plata, acero y con el plumín en oro, platino o la mezcla de ambas. Son preciosas, pero han perdido el aura romántica de sus predecesoras. Eso de ir mojando la pluma en el tintero debía ser un ejercicio pausado, de reflexión para pensar en lo que se escribía, de introspección si me lo permiten. Fijense que Miguel de Cervantes escribió la monumental obra Don Quijote de la Mancha con una pluma de un ave de la zona donde estaba encarcelado. La cantidad de tinta que hizo falta para poder escribirlo, y ¿Cuantas veces mojaría su plumín en el tintero? Incontables.
Pues yo no tengo plumas de faisán pero si tengo varias estilográficas y bueno las he sacado del cajón donde estaban y las he limpiado a conciencia para poder dibujar. Qué maravilla sacarlas de su estuche, abrirlas y ver cómo brillan igual que cuando las dejé en la oscuridad del cajón. Ver el plumín intacto y radiante, dorado como el sol. Parece que la propia pluma cobrara vida y te dijera en un susurro...."por favor llename de esa tinta tan negra y fresca que hace mucho tiempo que no la siento.....". Abres el compartimento de la pluma e incrustas como si fuera una inyección el repuesto de tinta en su sitio. O introduces el plumín en el bote de tinta y absorbes a través del émbolo la tinta azul ultramar. Parece una transfusión no de sangre sino de la savia del cielo o del mar. Ves como poco a poco asciende la tinta cual geiser hacia la parte superior del deposito hasta estar lleno. Enseguida la pluma parece que se desangra de una especie de herida de la que brota toda su esencia, su magma, su color....Fluye cual río al que dirigiese una especie de bastón. Hay que mover rápido la pluma porque sino de la punta brota un autentico torrente de su liquido vital. Se forma una peca enorme, o los que otros dicen borrón. Ya no hay solución a eso. Para dibujar a pluma hace falta rapidez de trazo y agilidad en los dedos. Un trazo tras otro se va formando una figura, de esa figura se crea un dibujo y de ese dibujo creamos una obra. Conforme vamos enlazando trazo tras trazo vemos como se va creando algo que empezó de carbonilla y se transforma en tinta china del color que deseemos. No es fácil dibujar así, pero cuando acabas y ves tu obra te dices que ha merecido la pena los recambios, la limpieza y el trazo rápido. Cojan una pluma que tengan olvidada en sus cajones, armarios y denle vida, verán que con un poco de mimo y paciencia ellas les darán más de lo que reciben.

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